Eusebio Montalbán Sola

Recordando a Eusebio Montalbán Sola

(Manuel Alfonso Díaz )

 

 

En las pasadas fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Yedra nuestro Ayuntamiento rindió un merecido homenajeal señor Montalbán Sola, ya fallecido, descubriendo una placa en la casa donde vivió, calle Mundo Nuevo, con una leyenda que reza: “Una vida dedicada plenamente al arte de la música y al engrandecimiento de Vélez-Blanco”.

 

Eusebio era funcionario municipal pero se distinguió en el campo de la cultura musical.  Su labor es recordada en el pueblo con cariño y respeto, y aún pervive. La mayoría de los velezanos de su tiempo aprendieron de él, gratuita y generosamente, lo que ahora es una asignatura de la enseñanza pública obligatoria, adelantándose a nuestra época.

 

Sabemos por los que le conocieron en vida que el mérito de Montalbán residía en su convicción de que ser velezano era un atributo, un don especial, que debe aceptarse no como regalo sino como reto para ser acreedor al mismo. 

Fiel a ese ompromiso como artista que es,   Montalbán se mueve en el mundo de la inspiración, de la armonía, de lo fascinante de a naturaleza de su entorno; singularidad convertida en permanente inquietud por mostrar las bondades de su tierra y valores ue la acompañan.  Por ello, su labor no hay que buscarla en las bibliotecas –aunque también podrá encontrarse un librito suyo, “Cartilla de Vélez-Blanco (1967)”, preciosa recopilación de historia y tradiciones-,sino  en sus composiciones, en sus partituras musicales, casi todas inspiradas en el paisaje y las gentes del lugar.

 

Y así, Eusebio lleva al pentagrama el alma de Vélez-Blanco, y la hace patente cuando resucita la patética melodía de los “Pasos de Viernes Santo” que transmutan el Atrio del Convento o la Placeta del Padre Tapia en los escenarios del Vía Crucis; o  cuando expresa la desbordante emoción que hasta al más recio egetano embarga ante la muerte de Cristo en su colosal marcha fúnebre “Descanse en paz”. Y también, cuando capta al velezano festivo en su diana “Al despertar”, que nos trae el recuerdo de las mañanas de estío y de la infancia, el canto de los colorines y el frescor que sube de la vega; y, cómo no, también se ocupa en su “Vergel velezano” de las gentes del campo y huerta en sus cotidianos quehaceres, ilusiones y esperanzas.

 

De esta manera, generación tras generación, la música de don Eusebio pasa a formar parte del inconsciente colectivo de Vélez Blanco, y conforma ya la identidad velezana, esa que él quiso aprehender para que perdurara. Como decía Pío Baroja, “La canción popular lleva como el olor del país en que uno ha nacido; recuerda el aire y la temperatura que se ha respirado; es todos los antepasados, que se la presentan a uno de pronto”.